dimarts, 4 d’octubre de 2011

Descubriendo la belleza natural del Congo

Puedo decir, sin lugar a dudas, que el fin de semana pasado ha sido el más intenso que he vivido desde que llegué al Congo. Ernest -de Cataluña, coordinador de la ONG Veterinarios sin Fronteras España (VSF)-, Guilhem -de Francia, coordinador de la ONG Farmamundi- y yo decidimos salir bien temprano el sábado, en dirección al este de Butembo. Nuestro objetivo era alcanzar el mítico monte Tshiaberimu, que en lengua kinande significa "monte de los espíritus" y está situado a 2.848 metros de altura; forma parte del histórico Parque nacional Virunga, que al ser establecido en 1925 se convirtió en el primer parque nacional africano. El Parque, que es Patrimonio Mundial de la UNESCO, alberga un gran tesoro natural: 200 de los 790 gorilas de montaña que quedan en el mundo. En el monte Tshiaberimu habita concretamente una población de unos 20 gorilas. Aunque sabíamos que no sería fácil llegar a verlos, decidimos intentarlo.


Vista panorámica en la ruta hacia el Monte Tshiaberimu

Orientados por un GPS, pero sobretodo por las indicaciones de la población local, fuimos dejando atrás varios poblados y nos fuimos acercando a nuestro destino. Es difícil describir con palabras la calidez con la que la gente nos recibió por todos los lugares por los que pasamos, y la alegría que se dibujaba en sus rostros al ver a 3 muzungus visitando sus tierras. Aparte de la agradable sorpresa que les provocaba ver a 3 seres extraños como nosotros, varios congoleños nos contaron que, para la población, recibir la visita de blancos es una señal de esperanza y de normalidad; una confirmación de que las guerras devastadoras han quedado atrás y de que el turismo que existió hasta la primera rebelión (1996) está retornando al país. No pude evitar imaginar -irónicamente- como sería la situación en el Estado español si la población recibiera con la misma hospitalidad a los africanos que se juegan la vida cada día para cruzar el Estrecho de Gibraltar; imaginé a los niños y niñas españoles gritándoles "hola!", "bienvenidos!" a los negros que sobreviven a la travesía y alcanzan nuestras costas. Dicen que las comparaciones son odiosas, y esta no lo es menos.


Las niñas y niños congoleños, ante los extraños visitantes

Después de más de 3 horas de ruta por hermosos parajes llegamos a la cima del monte Tshiaberimu. Tras los saludos iniciales, hablamos con los guarda-parques para tantear las posibilidades de visitar la zona y ver a los gorilas. Nos contaron que, por razones de seguridad, la zona estaba cerrada a los turistas. De hecho, los Mai-Mai rondaban por el monte y habían tomado recientemente uno de los dos campamentos que se usan para las visitas. Con la cola entre piernas seguimos avanzando hacia el este y empezamos a descender. Ante nosotros, a lo lejos, apareció imponente el lago Edward, que comparten la RDC y Uganda. Y surgió la duda: "¿Seguimos avanzando, o regresamos a Butembo?" Después de algunas deliberaciones, decidimos seguir adelante hasta Kyaviyonge, una localidad que se encuentra al borde del lago.

Kyaviyonge es un pueblo de pescadores que se encuentra dentro de los límites del Parque Natural Virunga. Al encontrarse en zona protegida, la actividad pesquera debería en teoría estar controlada y regulada para que la explotación de los recursos naturales fuera sostenible. La realidad, como en tantos otros campos, es que el Estado congoleño no tiene los medios humanos ni financieros necesarios para gestionar eficazmente la zona. Por otro lado, la pobreza extrema lleva a la población a sobre-explotar los recursos pesqueros. Hay 3 pesquerías legales en el lago Edward, y Kyaviyonge es una de ellas; existen sin embargo 7 pesquerías piratas, cuya actividad supone un grave problema ambiental para el parque.

Una piragua navegando por el lago Edward

Lo primero que hicimos al llegar fue presentarnos ante las diversas autoridades locales para informarles de nuestra presencia y de la intención de VSF-E de estudiar las posibilidades de llevar a cabo un proyecto futuro en la zona. Nos recibieron deleitados y dos jóvenes locales se ofrecieron a acompañarnos durante nuestra estancia en el pueblo. Tras las presentaciones, dimos un paseo por el lugar. Por supuesto, fue imposible pasar inadvertidos: docenas de niñas y niños nos seguían a todas partes gritando, riendo, tocándonos, corriendo, etc.; una experiencia agradable y extenuante al mismo tiempo. Pedimos también que nos prepararan algo para comer, ya que llevábamos todo el día sin hincar el diente. Tras más de dos horas de espera, nuestra cena estuvo lista. Tilapia (pescada en el lago) con patatas fritas para los dos carnívoros y fufú (pasta de manioca) con frijoles para el muzungu vegetariano que escribe estas líneas. Comimos a la manera africana, sin cubiertos y utilizando las manos. También en la mejor tradición africana, nuestros dos acompañantes se sentaron a la mesa y comieron de nuestros platos. Fue una muestra más del espíritu comunitario local, que tanto choca con nuestro individualismo occidental.

Pasamos la noche en 3 cabañas individuales (paillottes, en francés) construidas de la forma tradicional (pared circular con un tejado cónico), ubicadas en el campamento de la fuerza naval congoleña.  Al día siguiente, nos dirigimos en piragua (embarcación tradicional usada por los pescadores, aunque normalmente motorizada) hasta Ishango, un puesto de control situado a unos pocos kilómetros al norte de Kyaviyonge. Allí, en el punto donde nace el río Semuliki, pudimos contemplar un grupo de hipopótamos remojándose, una visión magnífica. En tierra firme, pudimos también divisar algunos elefantes a lo lejos. Por cierto que el Semuliki es considerado como la fuente del río Nilo, aunque éste es un estatus que se disputan varios enclaves de la región de los Grandes Lagos.

Panorámica desde Ishango, en el punto donde nace el río Semuliki

Los guarda-parques de Ishango nos contaron las grandes dificultades que tienen para proteger la rica biodiversidad que contiene el Parque Virunga. Las instituciones del Estado, en lugar de ser aliadas de la conservación del ecosistema natural, son parte del problema. El conflicto institucional más grave sucedió hace unos días, cuando los guarda-parques dispararon y mataron a dos soldados de la fuerza naval que se encontraban explotando los recursos naturales ilegalmente. Los soldados, que sobreviven con sueldos miserables e intentan buscarse la vida como pueden, son una fuente de problemas en el lago. Pero no son el único, puesto que los Mai-Mai también bajan ocasionalmente del monte Tshiaberimu y se enfrentan a tiros con los guarda-parques (más de 160 guarda-parques han sido asesinados en los últimos 10 años mientras protegían los 5 parques existentes en el este de la RDC). Nos contaron que este grupo armado se financia a través de la explotación ilegal de recursos naturales, pero también con fondos de políticos corruptos e incluso de elementos de la población local que son contrarios a la protección del parque. Está claro que estas no son las mejores condiciones para atraer al turismo internacional.

Tras despedirnos de nuestros acompañantes en Kyaviyonge, emprendimos finalmente el viaje de retorno a Butembo. De estos dos días, nos quedarán los recuerdos de bellos paisajes recorridos y de las entrañables personas conocidas. Y la triste constatación, una vez más, de que el Congo es un país muy rico con una población muy pobre.

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